martes 13 de marzo de 2012
domingo 30 de octubre de 2011
martes 9 de agosto de 2011
Carlos Larracilla
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| PALIDEZ
CON ROSTRO Óleo sobre tela | Carlos Larracilla |
¿Alguna vez
han sentido o escuchado una imagen?
Al observar
la obra de Carlos Larracilla, eso me sucede.
La siento,
la escucho.
Es una
sensación extraña, como de armonía interna, como reencontrar tu interior,
afuera.
Como
caminar tus sueños, sobre líneas, sobre el policromo tenue, suave, nostálgico,
como escuchar una melodía en tono menor, etérea, viajando en el ambiente, atravesando
el corazón, pero sin tocar, una caricia interna que te hace languidecer y
navegar sobre su influencia.
La obra de
Larracilla es un momento sin tiempo, la expresión del subconsciente anhelante,
buscando refugio en el interior colectivo del espectador, y es ese momento, su
tiempo, con aroma a eternidad.
Carlos
Larracilla es un artista para la
posteridad.
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Bitácora,
Personajes
La marcha
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| Serendipitia - Diana Martin |
Avanzo mirando al suelo, la cinta de asfalto es como una banda sin fin, el adormecedor golpeteo de los pasos multiplicados haciendo torrente, me acoge, me arropa, acompasado murmullo en cuyo arrullo el pensamiento se pierde dentro, en el corazón.
Ahora ya no recuerdo cual fue la primera vez, he caminado ya
tanto, por tantas razones, y se ha avanzado tan poco que casi no se nota, pero
heme aquí, aun caminando, y el horizonte aun sigue lejos.
Ya han pasado los días de euforia, los tiempos del coraje no
contenido, de la rabia en los puños, el poder en la garganta, los días en que
el tiempo aun era eterno y todo era para nosotros, tiempos en que el futuro
estaba a unos pasos, en la siguiente parada, ahora ya no, no se logra
vislumbrar.
Pero hoy, hoy prefiero marchar callado, sin ser percibido de
ser posible, sin ser mirado, las voces, los pasos, las consignas, parecen
letanía de un ritual largamente desgastado, desvalorizado, que de tanto decir,
ya no dice nada, y esa es una causa, entre tantas otras, por las que hoy,
prefiero mirar adentro.
Husmeando mis propias ideas, que como estelas de humo,
huidizas, naufragan en mi cabeza, me pierdo, me voy sin alejarme hacia otros
territorios, los del alma, y es que, la indignación y la voluntad de resistir
están intactas, pero, ¿A dónde hemos llegado? ¿Qué hemos conseguido? ¿Cuánto
tiempo habrá que continuar? ¿A dónde llevara tanto caminar? Lo ignoro, sé a
donde quisiera llegar, pero no más, con el corazón en un puño y los ideales en
el horizonte, viendo hacia un sol crepuscular que se retira a dormir después de
cada jornada y con sonrisa burlona nos pareciera decir, acá los espero, no
demoren tanto en llegar.
Pero el paso cansa y avanzamos cada vez con mayor lentitud, y
durante el largo trayecto algunos eslabones de aquella cadena incorruptible, al
paso del tiempo, demostraron no ser del mismo material, hay mucho eslabón
podrido, que han sido alimento de la herrumbre, que de tantas pulidas para
brillar por sobre los demás, ahora no muestran más que la desgracia de su
condición frágil y vergonzante.
¿Qué ha pasado a nuestros rostros? antaño soñadores y decididos,
y hoy, ajados y endurecidos, pasamontañas de harapos convertidos en coartada,
mascaras de payaso, bufonescas siluetas acomodaticias y serviles, el puñal
esperando a ser clavado en la espalda, de quien en verdad resiste al predador.
Y sin embargo aquí estoy, caminando, como antes, desde
siempre, queriendo llegar a donde el sol, con la rabia anudada en la garganta y
una luz en la frente que habrá de iluminar en la oscuridad, del abismo que
quizá nos espere, al final del camino que se desmorona, durante esta larga
marcha hacia la nada.
Ojala no me noten, ojala no me vean, pero ojala nos escuche.
. . alguien, allá en el horizonte.
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jueves 30 de junio de 2011
La Ley
La ley está hecha para castigar los males generados por el mismo sistema que los sanciona, generando mayor frustración y resentimiento en quien ya de por sí, carece de los medios y las posibilidades de lograr alcanzar los prototipos difundidos y exhibidos como ideales dentro del marco laboral, comercial, consumista y estético, que rige religiosamente nuestro entorno, siendo así, corresponsable directo de la miseria que crea la fuente de ésta incapacidad de obtener dichos estándares. La ley entonces, castiga los deseos de ser lo que se dice, se debería ser.
Eduardo Lemus
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